Hielo: El enemigo de la criogenizacion

 

El obstáculo del hielo en la criogenización

Fue recién en los años 90 cuando aparecieron los primeros cuestionamientos que advertían sobre los efectos nocivos de la formación de placas de hielo en el cuerpo criogenizado, debido a la exposición del mismo durante largo tiempo a las altas temperaturas de la cápsula de Dewar.

Resulta bastante evidente que bajo una temperatura de 190º bajo cero, las células orgánicas puedan sufrir una conversión vidriosa, sólida y severa, que cubre de serias dudas la posibilidad de reconstituir las estructuras dañadas.

Cuando un cuerpo humano está inserto en un habitáculo con temperaturas entre los 0º y 130º grados bajo cero, es bastante probable que el agua del cuerpo produzca cristales que puedan producir daños en las estructuras celulares, así como desgarrar tejidos, tan importantes para el funcionamiento orgánico como las venas y las arterias. Concretamente, en caso de que se produjese una rotura, por ejemplo, de una vena, al momento de reanimar al paciente, la sangre que lleva reteniendo al oxígeno desde hace mucho tiempo, para evitar la muerte biológica del cuerpo, se derramaría provocando una hemorragia interna que desembocaría inevitablemente en una segunda muerte segura.

Frente a esta posibilidad, los creyentes en la técnica, aseguran que mediante la utilización de un crioprotector como el glicerol, sería suficiente para atenuar los efectos de la cristalización, a pesar de que los crioprotectores en dosis elevadas se vuelven altamente tóxicos.

GLICEROL: CONCEPTO Y USOS

En los comienzos de las investigaciones sobre las sustancias y métodos más efectivos para lograr una crioprotección adecuada para los pacientes criogenizados, las clínicas y salas de criogenización no eran más que depósitos en los que sólo se utilizaban líquidos de embalsamar como medio de atenuación y muchas veces, de prueba.

Esta precariedad fue respondida por los concienzudos avances e investigaciones que terminaron por concluir que el glicerol era la sustancia química más conveniente para cumplir la difícil tarea de reducir al mínimo las posibilidades de que el cuerpo criogenizado sea vulnerable a la congelación de sus compuestos esenciales.

El glicerol contribuye a aportar la energía que se libera en el torrente sanguíneo y propiciar la distribución de esta energía facilitando el metabolismo celular. Dentro de la multiplicidad de usos que se atribuyen al glicerol, en el campo médico y científico, se lo emplea con el objetivo de anticongelante, destinado a bajar la fusión de sustancias líquidas, que es la que termina produciendo capas de hielo o cristales.

El glicerol funciona como soluto de un disolvente que, en el caso del cuerpo humano, es el agua que contiene en ingentes cantidades. Muchos seres vivos cuentan con anticongelantes fisiológicos que se liberan y actúan automáticamente en sus organismos durante las estaciones frías, reduciendo drásticamente las instancias de congelación de sus líquidos. Algunos insectos y reptiles cuentan con esta capacidad solutiva incorporada a su sistema biológico.

En cuanto a la aplicación del glicerol en el proceso de criogenización, es tan sumamente complejo el establecimiento de las medidas y cantidades adecuadas para que dicho compuesto no cause el efecto inverso y exceda el límite de descongelación, que si bien existen formulas bastante eficientes que se aplican a partir del conocimiento del peso y cantidad de agua que deben descongelar, aún no se puede confirmar que este delicado y fino equilibrio se pueda conseguir con seres humanos bajo criogenización.

El objetivo último de la aplicación de glicerol es evitar que las estructuras cerebrales más sensibles, como las celulares y moleculares lleguen a ese punto de congelación en que los daños y lesiones sean irreversibles, teniendo en cuenta que la clave del “éxito” es mantener intacta la zona cerebral que regula y contiene los circuitos de la memoria, la identidad y la personalidad.

A pesar de la confianza inamovible de los investigadores en el glicerol, se sabe que el dióxido de azufre en temperaturas moderadas y en estado gaseoso, puede ser muy efectivo para la conservación de los cuerpos, y sobre todo, para reducir notablemente la posibilidad de que se produzcan placas de hielo a niveles peligrosos.

VITRIFICACIÓN

Una alternativa reconocida por casi todas las voces como, probablemente “la más recomendable”, para evitar el congelamiento de tejidos, células, sangre o moléculas, es la denominada vitrificación, menos severa y agresiva que la congelación, y con antecedentes de buenos resultados en la función de preservar sin daños a ciertos componentes esenciales de la estructura cerebral.

El proceso de vitrificación, es aquel mediante el cual se pueden transformar algunos materiales en un elemento sólido de componente vidrioso, pero sin que llegue a ser un cristal en el sentido estricto del término. Este resultado se consigue mediante el enfriamiento o calentamiento del objeto en cuestión con la máxima celeridad posible para lograr la solidificación o la descomposición del material. El tiempo en la vitrificación cuenta en contra del proceso, por lo que debe realizarse de forma prácticamente instantánea.

Para el año 2005, la Alcor comenzó a usar sistemáticamente la técnica de vitrificación aplicándola a todo el cuerpo simultáneamente, evitando separar la cabeza del mismo. Por su parte, Cryonics Institute fue la primera sociedad de criogenización que implementó un procedimiento mixto, aplicando el tratamiento de vitrificación a la cabeza que permanecía unida al cuerpo, y a este último se lo congelaba sin crioprotectores.

La técnica de vitrificación es de utilización cotidiana en miles de departamentos de reproducción de todo el mundo para la crioconservación de embriones y ovocitos, que luego se utilizarán en el procedimiento concreto de fertilización, casi siempre en perfecto estado.

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