¿Qué es la criogenización?

Criogenización

Introducción a la criogenización.

La criogenización es el objeto de  la ciencia criónica.  El origen de esta palabra hay que buscarlo en el griego kryos cuyo significado es frío. La criogenización es un método por el cual se somete a una persona  ( o  animal ) a condiciones de frío intenso con el objetivo de preservar su cuerpo en condiciones para ser reanimado en el futuro. El término correcto para este proceso es criopreservar.

¿Por qué querríamos ser criopreservados?

Confiamos en que la ciencia siga avanzando y encuentre cura para muchas de las enfermedades que hoy día son terminales. Esperamos que en un futuro no muy lejano se puedan regenerar células y tejidos que hoy día son irreparables. Independientemente de todas las implicaciones éticas y legales, si existiese la posibilidad de mantenernos en un estado en el que engañasemos al tiempo hasta que las condiciones para la cura estuviesen presentes, ¿ no lo haríamos ?

Presente de la criogenización

Actualmente la criogenización no es un proceso reversible y sólo se puede aplicar a personas a las que se las haya declarado legalmente muertas (muerte clínica). Hasta el momento no se ha conseguido reparar los daños que se producen a nivel molecular en los tejidos producidos por el proceso de la congelación y la isquemia. La nanorreparación, o reparación a nivel molecular, está supeditada al avance de la nanotecnología y la nanomedicina y podemos estar hablando de décadas o siglos vista.

Alcor Life Extension Foundation

Criogenizacion

Esto es una de las principales razones por las que la comunidad científica mire con recelo la criogenización. La medicina avanza, las enfermedades y epidemias que hace siglos segaban la población ahora son anécdotas. ¿ Qué diferencia habría en pensar en el siglo XIX que se podrían hacer transplantes de corazón a pensar  hoy que en el siglo XXII podremos regenerar médula ?

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Inmortalistas y sus argumentos II

LOS INMORTALISTAS Y SUS ARGUMENTOS (2)

Carlos Mondragón, uno de los miembros de la Sociedad Española de Criogenización, asegura que no hay garantías, que hasta ahora son todas especulaciones, pero que los miembros de la organización no están locos; así agrega que se trata de especulaciones razonables y que según él, las posibilidades de éxito rondan el 40%. Desde un punto de vista objetivo, muchos piensan que las convicciones de Mondragón respecto al éxito de la criogenización, no llegan al 50%, una marca que no daría lugar a demasiado optimismo.

Por su parte, el contratista multimillonario y acérrimo defensor de la criogenización, David Pizer, tiene proyectado construir entre 30 y 40 viviendas al norte de Arizona, EE.UU, destinada especialmente a la ocupación de personas que se someterán a la criogenización y serán “recuperadas de la muerte”. Pero Pizer ya ha empezado a utilizar los beneficios de la criogenización, pero no para él, sino para 3 de sus canes, a quienes ha criogenizado.

Pizer reconoce que se empezó a interesar por la criogenización simplemente porque no quiere “morir para siempre”. Ante la pregunta de por qué cree que tan poca gente decide criogenizarse, este miembro de Alcor afirma que la gente no es lo suficientemente fuerte como para afrontar el pensamiento de su propia muerte, y esta situación es la que los pone especialmente vulnerables para asumir con conciencia este hecho e intentar transformarlo.

Pizer agrega: “Si un ser humano no consigue la inmortalidad, todo lo que haga en la vida, habrá sido una pérdida de tiempo”

El Dr Jerry Lemler, Gerente de Alcor, reconoce que los criogenistas son una muestra representativa de la humanidad, por lo que no niega que tengan ciertos elementos de marginalidad; así pone como ejemplo que las raíces de la defensa de la criogenización estuvieron a cargo de un grupo de defensores de la ciencia ficción.

En este sentido, Lemler declara: “La criogenización es un gran experimento, es como ganar a la lotería; el premio es fantástico, las posibilidades son infinitas, pero si no se compra un boleto, no hay posibilidad de ganar”

En la misma línea, el Dr Michael West, presidente de Tecnología Celular Avanzada y experto en clonación de células humanas, declaró que la resucitación será posible. Argumenta que cuando el corazón se para, nuestras células siguen vivas, y sostiene que es lo mismo llevar a cabo una reanimación después de 10 minutos que de decenas de años. West dice que se siguen produciendo sucesos de personas que estuvieron muertas durante 45 minutos y que han “resucitado”, por lo que los límites en este sentido, cambian continuamente.

West concluye: “La raza humana no podrá librarse de la muerte de manera repentina, pero al igual que una niebla matinal, se irá disolviendo poco a poco, y…sucederá que poco a poco, eliminaremos la muerte de la experiencia humana.

Por su parte, el Dr Ralph Merkle, médico investigador de la Corporación Zyvex, afirma que lo que las personas llaman muerte, es en realidad “dependencia tecnológica”, y agrega que se declara muertas a personas a las que la tecnología de hoy no puede devolver la salud. Según este científico, ya se sabe que la tecnología actual no alcanza para curar determinadas enfermedades y salvar vidas, pero la pregunta fundamental es saber si la tecnología del 2100, por ejemplo, sí será eficiente frente a la cuestión del fin de la vida terrenal.

Merkle se apoya en los milagros que en un futuro se pueden lograr con una aplicación avanzada de la Nanotecnología, concebida como la tecnología llevada a niveles microscópicos; su objetivo es la manipulación individual de moléculas y de átomos, no sólo en objetos, sino también en el cuerpo humano. Para Merkle, la nanotecnología permitirá curar a los pacientes en animación suspendida; los robots microscópicos de la nanotecnología permitirá reparar y cicatrizar tejidos muertos. Como se vio a lo largo de este trabajo, no todos los tejidos del cuerpo podrán soportar el paso del tiempo, y sobre todo, la acción de la temperatura, por lo que repararlos será vital para la esperanza de reanimación.

Dentro de este grupo de científicos defensores de la criogenización, no se puede dejar de citar a uno de los pioneros de las investigaciones sobre las aplicaciones de la nanotecnología a la medicina. Se trata de Robert Freitas, quien ha escrito un extenso libro sobre la nanotecnología aplicada a la medicina, y en el que hace una apasionada defensa de la criogenización, definiéndola como la “abolición de la muerte”.

Freitas declara que la muerte natural es un “ultraje”. Durante una conferencia, Freitas ha presentado un brazo micro-robótico capaz de eliminar las bacterias de la circulación de la sangre. Como Merkle, Freitas afirma que a largo plazo, los micro-robots creados por la nanotecnología, serán capaces de curar cualquier enfermedad y de reparar un daño celular, molécula a molécula, y de esta forma, hacer realidad el sueño de resucitar a los muertos, y alterar el proceso de envejecimiento.

En el mismo sentido, Freitas sostiene que la nanotecnología aplicada a la medicina, logrará lo que él llama, “la cronoficación”, o “dar marcha atrás al reloj”. A partir de estos conceptos, Freitas pone el ejemplo: “Si uno está fisiológicamente muerto y no desea estarlo, esa vejez se convierte en una enfermedad, y por ende, merece ser curada.

A pesar de que la nanomedicina es una disciplina de futuro, actualmente se están llevando a cabo, experimentos e investigaciones relacionados con esta revolucionaria herramienta.

Tal es así, que hace unos años, el gobierno de los Estados Unidos destinó más de 400 millones de dólares a estudios referentes a la nanotecnología.

Respecto al tiempo en que la aplicación de la técnica nanotecnológica será realidad, los especialistas indican que la medida real, es la alta factibilidad de que ocurra, pero sin poder establecer un tiempo concreto. Dicha factibilidad está sustentada en el hecho de que las leyes de la física, así como permitieron al hombre llegar a la luna, también permiten la existencia de máquinas moleculares. Estos expertos consideran que las tendencias en el desarrollo de los ordenadores, sugieren que el funcionamiento nanotecnológico y nanomédico, será factible en pocas décadas.

El profesor de Astrofísica de la Universidad de California, Gregory Benford, explicó durante una ponencia, los motivos por los que tan pocas personas se someten al “tratamiento” de criogenización, y se lo atribuye a que muchos tienen miedo a la congelación porque no quieren encontrarse en un sitio nuevo y desconocido; cree que estas personas se sienten cómodas donde están y antes de entrar en un mundo de incomodidad, prefieren morir. Al referirse a los sentimientos de incredulidad frente a la criogenización que muestran muchas personas, el profesor Benford, cree que están “asustados espiritualmente”. Pese a estas posturas respecto a los crio-escépticos, Benford cree que las posibilidades de resurrección son de alrededor del 2 %, pero considera que algo es algo.

Los criogenistas como Benford, ponen como ejemplo lo que ocurre con el cerebro cuando alguien es sometido a una cirugía profunda del mismo. Recuerdan que durante la operación, el cerebro está bajo una temperatura de unos -30º bajo cero, para evitar daños. En esa situación el cerebro deja de emitir señales, está parado; sin embargo, cuando se lo vuelve a exponer a la temperatura ambiental, vuelve a funcionar y la persona continúa normalmente con su vida.

Del mismo modo, pero sin referirse específicamente al resultado final, el microbiólogo de la Cruz Roja Estadounidense, Gregory Fahy, sostiene que existen grandes posibilidades de que, tanto la estructura cerebral, como las funciones cerebrales, se mantengan intactas luego de permanecer bajo los efectos del glicerol (agente anticongelante) durante cierto tiempo. Pero como vemos, las declaraciones del médico, no hacen referencia a las opciones en cuanto al resultado final.

Otros representantes del mundo científico tienen posiciones tan escépticas como tajantes respecto a la criogenización; es el caso del David Pegg, de la Universidad Inglesa de Cambridge, quien declara: “La resurrección humana es imposible”.

Alrededor de la polémica referida a la criogenización, algunos también han abandonado el terreno de los disentimientos, para pasar al de las acusaciones y denuncias. En este contexto, no faltaron quienes culparon a los crionicistas de fraude, y de atentar contra la planificación de los gobiernos del mundo para evitar la problemática demográfica del próximo siglo. Así frente a la dureza de estas acusaciones, los miembros de las sociedades criogenicistas responden que ellos trabajan y luchan para la ampliación de la vida, y que, muy probablemente en un futuro, la humanidad tendrá nuevas políticas de natalidad, y que también es muy posible que se haya descubierto el espacio. A esto se suman las posturas más radicales por parte de los crionicistas, quienes llegaron incluso a acusar a los críticos, de colaborar y facilitar a la medicina tradicional, el abandono de los pacientes en estado crítico.

Como se puede ver, la criogenización ha abonado el terreno, más para el enfrentamiento, que para los resultados.

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Inmortalistas y sus argumentos I

LOS INMORTALISTAS Y SUS ARGUMENTOS (1)

Pese a que, como se viene reseñando en el ensayo, los críticos de la criogenización no tienen tapujos a la hora de manifestar su oposición e incredulidad, otro grupo apuesta sus fichas por la esperanza de la “vida eterna”, y esta esperanza está en la técnica de la criogenización. Este grupo está conformado mayoritariamente por científicos, y se los conoce como los inmortalistas”.

Los inmortalistas sustentan su convencimiento en las promesas de la nanotecnología y la biotecnología. Una prueba de ello está en las palabras del investigador en nanotecnología, Robert Freitas, quien sostiene que cada uno de nosotros lleva un complejo universo de conocimientos, experiencias vitales y relaciones humanas, y que todo este rico tesoro de información se pierde para la humanidad cuando morimos. Esta idea representa un motivo más que suficiente como para creer que los sueños ancestrales de inmortalidad pudieron no estar equivocados, y que quizá dependieron más de la fe, que de hechos concretos.

Bajo esta bandera, un grupo de unos 50 investigadores de la Asociación Iberoamericana de Criopreservación, pretenden instalar en Madrid el primer cementerio español dedicado a la criopreservación. La idea del grupo es instalar el parque de criopreservación junto a un laboratorio biotécnico, lo que es considerado por los mentores del proyecto como una alternativa a los servicios funerarios tradicionales.

La contrapartida a la posición de estos investigadores es la que sostuvo con cierta ironía, el biólogo Arthur Rowe: “Pensar que la criónica puede reanimar a alguien que ha sido congelado, es como creer que pueden retornar la hamburguesa a la vaca”.

Muchos criogenistas también están inspirados en el llamado “Transhumanismo”, aquella creencia de que el uso de la tecnología puede mejorar radicalmente a los seres humanos. El transhumanismo ha abierto las puertas a ciertas vertientes tecnófilas que pregonan la descarga del cerebro en computadoras, para volver a recargarlo en un nuevo cerebro que puede ser biológico o robótico. Aunque parezca estrambótico, las especulaciones sobre la práctica de criogenización llega hasta estas instancias que están más cerca de la ficción que de la realidad.

Lo que no está emparentado con la ciencia ficción son las investigaciones que llevan adelante científicos alemanes, que con apoyo de una amplia red de zoológicos europeos, se dedican a conservar a través de métodos de congelación, la herencia genética de varias especies animales que en un futuro podrían estar al borde de la extinción. El objetivo del procedimiento es salvaguardar la biodiversidad de las especies, dotándolas de una nueva oportunidad de “renacer” cuando estén prácticamente desaparecidas.

El ejemplo anterior no significa que se tenga que tomar como una esperanza de que pueda ocurrir lo mismo con la especie humana, por lo menos nadie lo ha afirmado, pero los criogenistas se han remitido en más de una vez a experimentos con animales para defender su pro-criogenicismo.

Mientras tanto, algunos miembros asociados a la Fundación Alcor para la extensión de la vida, opinan que mientras mucha gente se refugia en cosas como la religión, y aceptan la muerte según sus creencias, no se dan cuenta que no hay ninguna base científica que las respalde, mientras que la criogenización, sí la tiene.

Ante la pregunta de qué piensan hacer con todo el tiempo de más que les permitirá la criogenización, una asociada aclara: “No creo que vaya a ser muy diferente, sólo habrá más oportunidades de hacer cosas que un tiempo de vida limitado no permiten”.

Otra aficionada a la criogenización, arguye que como creyente de la criogenización, no está privando a nadie de nada, y no pretenden crear una raza de superhéroes, sólo quieren vivir durante mucho tiempo.

Es indudable que frente a un tema tan controvertido como la criogenización, y como lo mencionamos a lo largo de toda la obra, las posiciones y opiniones respecto a esta técnica, han creado una división tanto en el ámbito científico como social.

En este sentido, la mayor debilidad a la que se enfrentan los defensores de la criogenización, es el hecho de que aún hoy no existe un método de descongelación que se pueda presentar ante el mundo como “exitoso” o “satisfactorio”.

A pesar de este hándicap, los investigadores crionicistas siempre han encontrado motivos para seguir creyendo en su experimento, y en el convencimiento de que las pruebas que avalen la disciplina, son sólo cuestión de tiempo. En consonancia con lo dicho, los crionicistas han tomado como “ejemplos relativos”, determinados experimentos que se han hecho con animales, por ejemplo, como el que se ha concretado en la Universidad Japonesa de Kobe, y dirigido por el profesor Suda. El profesional logró detectar señales encefalográficas producidas por el cerebro de gatos luego de conservar a los animales durante alrededor de 205 días bajo temperaturas de 20º bajo cero. Esas señales cerebrales se han erigido como una auténtica esperanza de cara a la suposición de conseguir los mismos resultados en seres humanos; pero como se evidencia a lo largo de este informe, en el “caso humano”, no todo se limita a alguna evidencia de señales encefalográficas.

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Y si un día se reanima a un paciente criopreservado?

Interrogantes sociales

Debido al mismo cariz del tema criogenización y su irrefrenable capacidad para abrir debates y polémicas, hay que decir que cuanto más público es y más detalles se conocen acerca del procedimiento, más preguntas y especulaciones de todo tipo se manifiestan. Estos interrogantes no necesariamente representan posturas a favor y en contra, como vimos en el tema anterior, sino como formas de ver una técnica que supera el límite de los descubrimientos médicos que se vinieron dando a lo largo de los años para el combate y a veces, cura, de enfermedades graves.

En este contexto, hay quienes ven en el hipotético éxito de la criogenización, un auténtico golpe de knock out a las religiones y, por consiguiente, a la creencia de un Dios como “creador” y “dueño” de la vida y muerte de los hombres. Cumplir el objetivo de criogenizar a las personas y darles una “vida eterna”, sería para muchos, la forma más fácil y directa de desmontar la idea instaurada en la sociedad durante siglos, de que la creencia en Dios y su palabra, es la garantía de la vida eterna, pero en otra dimensión. De este posición surge la pregunta: Si no existiera la muerte, ¿Necesitaría el ser humano creer en un Dios y en una vida eterna?

Lo cierto, en relación a esta opinión, es que la iglesia no se ha pronunciado de manera oficial al respecto. Sin duda, las altas jerarquías de la iglesia tienen una postura al respecto, pero hasta el momento no ha trascendido.

Otros se preguntan qué sería del hombre vuelto a la vida, pero desde un punto de vista más personal, ¿Qué harían cuando despierten sin una familia, sin amigos, y en un mundo que no tiene nada que ver con el que conocen? Sostienen que a partir de esto se generaría un nuevo problema social; el de tener varios miles de zombis divagando por nuestras calles sin saber a qué vida pertenecen.

Como otra muestra de la impresionante repercusión que ha generado la práctica de la criogenización en algunos sectores de la sociedad, están los que afirman que a pesar de los progresos que se pueden lograr a través de la ciencia y la tecnología, la naturaleza siempre ganará la partida, ya que todos los intentos de inmortalizar al hombre están dentro de lo antinatural. Asimismo, esta posición respecto a la criogenización, va de la mano con la que atribuye al hombre una carga considerable de soberbia y altivez, que se forjó de la mano de los avances que ha logrado desde el Renacimiento, pero que a la vez, lo han puesto en una posición de amo y señor sobre todo, incluyendo la voluntad de la naturaleza humana, más allá de que ésta haya sido determinada o no por Dios, según las creencias personales.

Desde un punto de vista más psicológico, y en cierta concordancia con lo anterior, están las posturas que sostienen que el hombre nunca ha podido asumir que es “eternamente mortal”, y que además, jamás descubrirá el código genético de la inmortalidad porque éste no se encuentra al alcance de la ciencia, sino que está en otro lado.

Pero para las últimas dos posiciones mencionadas, existen los representantes de su antinomia, aquellos que se preguntan: ¿Cómo el trabajo para obtener una técnica médica para salvar vidas de hombres, mujeres y niños, puede ser “negativa”?, ¿Qué tiene de admirable mantenerse impotente frente a la partida de nuestros seres queridos sin poder hacer nada? Por esto, para este grupo, lo que la criogenización produce es una oportunidad de vida en lugar de muerte, y de hecho, consideran esta técnica con altas probabilidades de lograr su objetivo, y a la vez, como una muestra incomparable de humanidad y sensibilidad por la vida humana.

Estos defensoresde la criogenización, agregan que de lograrse la misma, sería el fin del “inmenso y global sufrimiento humano”.

Lo cierto es que, cuanto más escuchamos las creencias y argumentos que rodean a la criogenización, más contemplamos el choque frontal entre las mismas, todo en medio de la falta de pruebas convincentes de la técnica en cuestión y sus representantes.

Pero pese a esta falta de pruebas, algunas informaciones apuntan que son cada vez más los ciudadanos británicos que apuestan por la criogenización en los últimos años, tal como lo reveló un prestigioso periódico del país. Esta tendencia ha sido propiciada por los “planes” de pago y bajada de tarifas para hacerlas más asequibles a la mayor cantidad de rentas posibles. En este sentido, la cuota de 10 euros por semana que cobra Cryonics Institute para asegurarle a sus clientes una conservación y reanimación adecuadas después de fallecidos, ha desencadenado un especial interés entre los creyentes en el procedimiento.

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Mas consideraciones y conclusiones respecto a la criogenizacion

Tal como venimos desarrollando a lo largo de las entradas de este blog sobre la criogenización y respecto a las posibilidades de éxito, o el fracaso rotundo del “tratamiento de criogenización”, no está de más recordar que una de las claves fundamentales de que el proceso de criogenización funcione, es lograr que las células –vitales para la reanimación del criogenizado-, no se congelen y formen trozos o bloques de hielo.

Teniendo en cuenta la importancia vital de las células y del resto de los líquidos corporales, incluida la sangre, para conservar el atisbo de vida biológica que la criogenización pretende “resucitar”, es conveniente reflejar todas las opciones que, a día de hoy, están sobre la mesa de discusión, de parte de todas las partes implicadas.

El flagelo que ha significado hasta hoy encontrar un impedimento para esta congelación, se bate sobre los “dedicados” investigadores de la misma, a tal punto que en muchas ocasiones han puesto en peligro la continuidad de la “empresa”. Cuando la sostenibilidad del proceso de criogenización como viable se encontraba en el precipicio, los científicos defensores del procedimiento lo evitaron, dando a conocer la carta de los crioprotectores y criopreservantes, logrando así mantener el equilibrio osmótico; éste se empezó a lograr a través de la vitrificación, en detrimento de la congelación. Pero este paliativo, que se vio como definitivo por los pro-criogenización para acallar a las voces críticas, las mantuvo en silencio por poco tiempo.

La versatilidad y flexibilidad del uso de la vitrificación es ampliamente utilizada en medicina reproductiva para la crioconservación de embriones y ovocitos. La ventaja de la vitrificación es que, frente al descenso de temperaturas de congelación, frena esa instancia dotando de viscosidad a los líquidos y logrando una consistencia sólida pero amorfa. El objetivo principal de una aplicación efectiva de la vitrificación, es que el material biológico –en este caso los líquidos corporales y las células-, se equilibren con la suministración de dichos crioprotectores y así se evite la congelación.

Los investigadores crionicistas argumentaron, al momento de comenzar a usar la técnica de vitrificación, que los índices de efectividad en los usos médicos convencionales, como la crioconservación de embriones y ovocitos, rondaban entre el 90 y 95%.

A pesar del éxito que pudieron mostrar los crionicistas con la aplicación de la vitrificación, pronto aparecieron las primeras preguntas, muchas de ellas también desde los sectores científicos, indagando sobre cuál sería la unidad o el instrumento de medida y seguimiento para asegurar que las cerca de 100 millones de millones de células que posee el cuerpo humano, eran beneficiadas y protegidas por la vitrificación; ¿En qué porcentaje de tejidos y células esta “medicina”, da realmente resultados?. La respuesta a esta pregunta por parte de los cuestionadores, tuvo una respuesta bastante previsible: no existe la manera, no hay posibilidad de saberlo.

Automáticamente, de esta respuesta negativa se desprende el otro motivo controversial, lo que generó una nueva pregunta. Aunque sea posible evitar la formación de cristales de los tejidos y células; ¿cómo se repararían los daños producidos por la falta de oxígeno, la toxicidad de los crioprotectores, las fracturas producidas por la tensión térmica y la congelación de los tejidos en aquellas zonas en las que la vitrificación no hubiese causado efecto.

Frente a este nuevo cuestionamiento y ante la falta de una respuesta convincente para parte de la comunidad científica, los crionicistas apelaron a la implementación –aún no confirmada oficialmente-, de las técnicas más avanzadas del mundo de la nanotecnológia y nanomedicina, hecho que permitiría hacer un escaneo regular a grados microscópicos de todas las zonas del cuerpo bajo los efectos de los crioprotectores. Esto, desde el punto de vista de los crionicistas, daría la posibilidad de monitorear todas las zonas corporales internas del cuerpo criogenizado, y por consiguiente, permitiría detectar la respuesta y los efectos de los criopreservantes en células, venas, tejidos, huesos y órganos.

Con todo esto, la medicina tradicional y sus representantes, aseguran que el límite de evolución que han conseguido los avances médicos hasta el momento, relacionados con mantener viva a una persona en estados de pre-muerte o críticos, es mantenerla “viva” mediante métodos artificiales, y en un estado de coma que sólo con un “milagro” se podría revertir. Para este sector científico, el resto de las teorías –incluida la criogenización-, sobre volver a la vida a las personas bajo determinadas circunstancias, no tienen sustento real.

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Funcionamiento de Alcor

Funcionamiento de Alcor

Aunque parezca una cuestión conceptual menor, cabe destacar que los investigadores y practicantes de la criogenización, denominan “pacientes” a los cuerpos a los que criogenizan. Tal como lo explican los mismos científicos, la definición de pacientes responde al hecho de que se considera a las personas criogenizadas como personas que se encuentran temporalmente sometidas a un tratamiento, como paso previo para volver a la vida en un futuro que no se puede determinar.

Cabe destacar que la Asociación y centro de criogenización más importante del mundo, lleva el nombre de una estrella distante, símbolo de la visión infinita de la resurrección de los muertos, ALCOR.

Lo cierto es que el convencimiento de los adeptos a la criogenización es tan firme, que los socios de Alcor disponen de unas pulseras de uso permanente. Dichas pulseras contienen información hospitalaria e instructiva en caso de padecer una descompensación repentina. Este aparato es verdaderamente una alarma que suena en las instalaciones de la compañía cuando uno de sus asociados se encuentra en la situación sanitaria descripta anteriormente. Apenas suena dicha alarma, los equipos médicos de la fundación ponen en funcionamiento todo el operativo de crio-preservación y congelación. En esta instancia, el tiempo lo es todo ya que de él depende que no deje de llegar el oxígeno al cerebro de la persona bajo “muerte legal”. Según los gestores de Alcor, esta información ayudará a los socios a reaccionar con la máxima celeridad con el fin de que se empiece con el procedimiento de emergencia cuanto antes, y se evite la muerte de las células cerebrales, que como se vio, son la razón de ser de la práctica de criogenización.

Cuando el cuerpo llega a la sala de criogenización, lo primero que se inyecta al paciente son varias dosis de crio-protectores, una sustancia química llamada glicerol, que reemplaza el agua del cuerpo por este líquido, con el que se evitaría que las células del mismo se congelen. Este proceso dura aproximadamente unas 6 horas

Se sabe que los pacientes que se encuentran criogenizados de cuerpo entero, son colocados en las cámaras de nitrógeno líquido con la cabeza hacia abajo y los pies para arriba. Esto se explica porque en caso de que haya una fuga de gas o un corte eléctrico importante, bajarían los niveles de nitrógeno líquido, y los pies de la persona serían los primeros en descongelarse, protegiendo a la cabeza y al cerebro del efecto negativo que implicaría un principio de descongelación.

Cabe destacar que para los investigadores criogenistas, la cabeza es la parte prioritaria de conservación, puesto que en ella se encuentran las claves de una reanimación y “resucitación” exitosa.

En la cabeza están los componentes de la identidad personal, entre los que se encuentran la memoria y la personalidad, por lo que si hay una muerte biológica del cerebro, -lo que los criogenistas llaman “muerte técnica de información”-, las posibilidades de “recuperar” a la persona se esfuman.

Es a partir de esta consideración que las organizaciones dedicadas a investigar y llevar a cabo desde hace 30 años, los procedimientos de criogenización, ofrecen a sus pacientes la posibilidad de crio-preservar sólo la cabeza y el cerebro, que luego sería implantada, mediante técnicas avanzadas de clonación, a un nuevo cuerpo.

Administración económica de Alcor

Actualmente, los costes de las pólizas de seguros de vida a nombre de Alcor, oscilan entre los 70.000 y 140.000 dólares, pagando por adelantado. Este coste se fracciona en cuotas mensuales. La administración de Alcor asegura que la mayor parte de este dinero de los asociados, se invierta en una fundación; ésta tiene la función de garantizar que nunca falten fondos para el funcionamiento y el estricto cuidado que requieren los miembros criogenizados, aún en tiempos de crisis económica. En sus comienzos, la práctica criogenista se vio muy desacreditada socialmente, debido al escándalo público que generó el hallazgo de varios cuerpos descongelados en un cementerio de Estados Unidos, que se supo, pertenecían a personas que estaban recibiendo conservación criogénica. Debido a la falta de fondos para continuar con el procedimiento, los encargados del mismo, se vieron obligados a suspenderlo, y depositaron los cuerpos en dicho lugar anónimamente. El hecho infligió a la criogenización y a sus métodos un duro revés en la opinión pública, debilitando sobremanera la confianza en esta técnica.

Durante las varias conferencias que organiza Alcor a lo largo del año, se intenta conseguir adeptos a la causa, pero por supuesto, sin ningún método coercitivo; sólo con la palabra, los argumentos de sus defensores y desde un atril.

Todo el sistema económico diseñado por Alcor y las demás organizaciones dedicadas a la criogenización, revela la minuciosa planificación a largo plazo que “la inmortalidad” requiere.

Además, Alcor tiene su propia política de marketing; en sus oficinas e instalaciones, se exponen varias reproducciones de los termos Dewar, los mismos que se usan para suspender a los “pacientes”, pero de pequeño tamaño. Aunque no está confirmado, es posible que estos termos, no sean sólo un obsequio gratuito para los miembros de Alcor, y sea otra fuente –aunque menor-, de ingresos.

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¿Que es realmente la muerte?

Replanteamientos éticos y filosóficos que abre la criogenización.

Como lo reseñamos a lo largo de los entradas precedentes, la criogenización ha conseguido levantar, no sólo voces relacionadas con distintos estamentos científicos y sociales, sino que también ha puesto entre las cuerdas muchos conceptos filosóficos y éticos que hasta el momento se creían incuestionables.

Convengamos que para los investigadores y administradores de todas las instancias de criogenización, la muerte de una persona no se produce realmente cuando un médico declara la muerte clínica de ese ser humano. Aunque para la gran mayoría de los mortales, la vida de una persona se termina en el momento en que un médico no percibe pulso, para los practicantes de la criogenización, ese es el preciso momento en el que deben comenzar su trabajo de “mantener con vida biológica” a ese ser técnicamente muerto.

El fino y controvertido equilibrio entre “una clase de muerte y otra”, y la posibilidad de que, según los defensores de la criogenización, la persona no termine de morir nunca completamente por los efectos del tratamiento de criogenización, ha abierto nuevos y controvertidos interrogantes sobre qué es realmente la muerte. Para buena parte de las religiones y sus fieles, la muerte fue vencida por Jesús (enviado a la tierra por su padre, Dios), y ese triunfo salvó a la humanidad otorgándole el milagro de la vida eterna; pero esta muerte tiene la característica de ser incorpórea, carece de carne y hueso y está basada en el alma de los seres que abandonan la vida corporal.

Es esta misma concepción ampliamente reconocida y defendida por los sectores religiosos y sociales convencionales, la que afianza la idea de que más allá de que alguien esté mucho tiempo criogenizado, cuando se lo reanima, jamás contará con su “alma original”, la que cargó desde su nacimiento. Bajo esta lógica el ser reanimado no será más que “un nuevo invento”, un atisbo nuevo que no sabría quién es, dónde está y para qué está. Es por esto que la resucitación resulta imposible puesto que el alma se ha ido y la criónica no sería más que una nueva modalidad de entierro y un mecanismo prognósico.

Pese a esta postura unificada, se han conocido algunos pronunciamientos de representantes religiosos en defensa de las virtudes de la criónica en su función de recuperar la vida, de revivir a los seres humanos sometidos a dicho “tratamiento”.

Con respecto a esto, los pro-criogenización contestan que la verdadera “alma madre” de la persona es conservada y resguardada, por lo que no existe la muerte teórica de información, y por ende, la persona sigue manteniendo su esencia.

Contrariamente a esta máxima respecto a la muerte, aceptada como ley durante decenios y hasta hoy, para los pro-criogenización sólo existe la muerte legal pero no la corporal, por lo menos para los que pueden someterse a su tratamiento.

Uno de los más reconocidos incondicionales de la criogenización, Thomas Donaldson, ha levantado ampollas en buena parte de la comunidad médica tradicional, cuando declaró que la muerte basada en la parada cardíaca o el fracaso de las técnicas de reanimación es una interpretación puramente social y que implicaba simplemente un argumento para la justificación del abandono de pacientes moribundos.

Una interpretación entre líneas de las palabras de Donaldson, llevó a muchos a pensar que el científico estaba insinuando que la salud, tal cual está concebida, es una forma de eutanasia sutil y aceptada en silencio por todos los implicados, evidentemente, del campo médico.

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Donde se practica la criogenizacion

Lugares donde se practica la criogenización.

Estados Unidos fue el país donde el doctor Ettinger y sus colaboradores llevaron a cabo las primeras, –supuestamente primeras- experimentaciones de criogenización, y en el que se estudiaron y surgieron las teorías primigenias relacionadas con el revolucionario proceso de criogenización.

En la actualidad, Estados Unidos es el único país –por lo menos el único conocido- en el que se ejercita la práctica de la criogenización. Dichos experimentos se realizan en 3 lugares dentro del país norteamericano, entre los que destaca la reconocida Fundación Alcor para la extensión de la vida, que se encuentra en el estado de Arizona, y fue fundada en 1972. Los otros dos centros de criogenización que funcionan en territorio norteamericano, son el Cryonics y el Transtime, en Michigan y California respectivamente.

En el caso de la Fundación Alcor, la reputación que ha cosechado tanto en ambientes científicos y médicos, como sociales, sobre todo de la “alta sociedad”, esta forjada sobre la crioconservación de los más de 100 cuerpos que posee actualmente en sus instalaciones y los más de 200 que tiene en lista de espera.

En cuanto a Cryonics, las informaciones conocidas revelan que cuenta en la actualidad con alrededor de 50 cuerpos sometidos al tratamiento de crigenización.

Si hay algo que caracteriza a las 3 instituciones señaladas, además de que se basan en actividades del mismo tipo, es que se rigen por una estricta política de anonimato en relación a cualquier dato de sus pacientes, por nimios que éstos sean. Muchos relacionan esta política simplemente con la seguridad, pero otros, lo hacen con multitud de especulaciones emparentadas con lo que podría suceder con la identidad de los seres criogenizados en caso de que el procedimiento llegue a su fin con éxito.

La criogenización no está exenta de los fines lucrativos que podría tener cualquier empresa; de hecho se podría sostener sin temor a equivocaciones, que el procedimiento científico de criogenización está al alcance sólo de un sector de alta renta. En relación a lo referenciado, las autoridades de las clínicas de criogenización no se amedrentan al momento de informar que el coste del tratamiento “de la inmortalidad”, es de 120.000 euros, si se trata del cuerpo entero, y 60.000 en caso de que se prefiera la individualidad craneal.

Pero la inversión económica que se debe calcular para ser crionegizado, no termina con ese montante; teniendo en cuenta que un cuerpo puede pasar una cantidad de años indeterminada dentro del tubo Dewar, los costes que deben asumir los pacientes o sus familias se multiplican permanentemente y, evidentemente estos gastos se traducen en una cuota anual suplementaria.

Algunas personalidades reconocidas de la escena pública y de la cultura, ya están sometidos al proceso de criogenización desde el momento de su muerte. Dentro de este grupo se pueden destacar al escritor Dick Clair, quien obtuvo 3 premios Emma y al neurólogo y Psiquiatra, Dr Donovan, entre otros.

Los casos renombrados de Charles De Gaulle, Maurice Chevalier y Walt Disney tienen un cariz especial, primero por la importancia de estas personalidades, y segundo porque estuvieron rodeados de rumores y polémicas durante años, sustentados en especulaciones sobre si fueron realmente criogenizados o se trata sólo de leyendas urbanas.

En el caso de España, no se puede dejar de destacar que existe la Sociedad Española de Criogenización, que se encuentra activa desde 1998 y cuenta con más de 100 miembros. Su presidente, el ingeniero Andrés Albarrán declaró que ante las opciones de entierro o incineración, las posibilidades de “renacer” o “revivir” se reducen a 0, mientras que con la técnica de criogenización, estas chances ascienden por lo menos a 1.

A pesar de las buenas intenciones de esta organización para hacer avanzar y afianzar el proyecto de criogenización en España, en nuestro país la ley no permite la congelación de los cuerpos en ningún estado posible. Si bien los miembros de dicha sociedad no han exigido de forma notoria la modificación del derecho en este sentido, al hablar de la cuestión no ocultan su rechazo y malestar.

Las trabas descriptas para la criogenización dentro de territorio español, no han impedido que se reconozca a Cristina Comos como la primera española en ser criogenizada cuando una patología cardíaca grave terminó con su vida a los 21 años. La madre de Cristina, Eulalia Castillejo, se vio envuelta en un estado de rabia incontenible frente al doloroso hecho, según contó, y se negó rotundamente a llevar a su hija “a la tierra”. Fue en esas circunstancias cuando decidió subir a su hija a un avión y transportarla a Estados Unidos para que sea criogenizada. Más tarde declararía: “Tener criogenizada a mi hija me ha devuelto la vida”.

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Más problemas en el proceso de criogenizacion

Como hemos visto hasta el momento, en todas las instancias del proceso de criogenización hay interrogantes, dudas, críticas, cuestionamientos, defensas y polémica. Lo que parece claro es que la falta de complementariedad de procesos y argumentos parecen concluir en un círculo vicioso en el que los mismos instrumentos y sustancias parecen no encajar del todo, por el mismo contrapeso de “lo que podría ocurrir si…”

La muestra más clara y fehaciente de esto, es que al emplear los crioprotectores a través del glicerol, éste puede causar daños serios en el organismo del paciente crionizado, si no está regulado y calibrado a la perfección. Veremos las dos opciones tremendamente difíciles de regular, y que, tiene a los investigadores de la criogenización entre la espada y la pared:

*Si no se usan crioprotectores en el organismo crionizado, el sometimiento de éste a una temperatura que ronda los 190º bajo cero, se expone casi irremediablemente al congelamiento de las estructuras celulares, moleculares y de tejidos, hecho que imposibilitaría una reanimación sana, puesto que dichas estructuras ya habrían sufrido lesiones, quizá irreparables.

De esta forma, si los administradores no protegen al cerebro para evitar la congelación, los resultados positivos son prácticamente imposibles. Así, para ponerle remedio al flagelo, los expertos deciden usar glicerol para evitar el tan temido estado de congelación, pero según los críticos, este uso, además de ser muy complejo de regular, en dosis más elevadas de lo necesario tiene elementos con alta carga de toxicidad para el organismo.

*En lo que a reperfusión se refiere, ocurre algo parecido; al intentar mantener los niveles de oxígeno y nutrientes activos una vez se declara la muerte legal del paciente, los científicos de criogenización deben recurrir a una técnica muy ofensiva para el sistema arterial, como es la reperfusión. Durante este proceso, el control en los niveles de reperfusión debe ser extremadamente cuidadoso, puesto que en caso de algún exceso en el insuflado de oxígeno por medio de dichos métodos artificiales, el sistema arterial y circulatorio no soportaría dicha carga extra, y puede ser letal, no sólo contribuyendo a la muerte biológica del paciente, sino también produciendo la interrupción inmediata de toda posibilidad de criogenización.

*Otro interrogante sin respuesta por parte de los expertos en criogenización, es saber cómo se evitaría que la exposición al frío extremo durante tanto tiempo, produzca quemaduras significativas en la dermis del sujeto, tanto la que recubre el cráneo, como la del resto del cuerpo, si hablamos de una criogenización de cuerpo entero.

Como se puede ver, los dos parámetros señalados primeramente son un auténtico hándicap para los defensores y partícipes de investigaciones y prácticas relacionadas con la criogenización, sobre todo frente a los cuestionamientos de sus mismos colegas y de parte del público en general.

En este contexto, se puede concluir que no se ha encontrado el fino equilibrio que esta compleja balanza científica necesita para desactivar la incredulidad de buena parte de la sociedad y de los sectores científicos y médicos detractores. A día de hoy no se conocen pruebas concretas que puedan mostrar que ese fino y delicadísimo equilibrio entre sustancias y procedimientos haya dado algún fruto.

Es por lo dicho que muchas posturas sostienen que la creencia de que la criogenización realmente funciona, está basada en ilusiones y esperanzas, a la vez que en la necesidad existencial de dar una respuesta lo más objetiva posible a la creencia religiosa de “la vida eterna” y la resucitación.

Como consecuencia de esta falta de pruebas que desmonten la desconfianza y las críticas, tanto éstas como la polémica, aumentan en intensidad y están a la orden del día frente a un tema que divide como pocos a toda la comunidad científica y no tan científica.

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Hielo: El enemigo de la criogenizacion

 

El obstáculo del hielo en la criogenización

Fue recién en los años 90 cuando aparecieron los primeros cuestionamientos que advertían sobre los efectos nocivos de la formación de placas de hielo en el cuerpo criogenizado, debido a la exposición del mismo durante largo tiempo a las altas temperaturas de la cápsula de Dewar.

Resulta bastante evidente que bajo una temperatura de 190º bajo cero, las células orgánicas puedan sufrir una conversión vidriosa, sólida y severa, que cubre de serias dudas la posibilidad de reconstituir las estructuras dañadas.

Cuando un cuerpo humano está inserto en un habitáculo con temperaturas entre los 0º y 130º grados bajo cero, es bastante probable que el agua del cuerpo produzca cristales que puedan producir daños en las estructuras celulares, así como desgarrar tejidos, tan importantes para el funcionamiento orgánico como las venas y las arterias. Concretamente, en caso de que se produjese una rotura, por ejemplo, de una vena, al momento de reanimar al paciente, la sangre que lleva reteniendo al oxígeno desde hace mucho tiempo, para evitar la muerte biológica del cuerpo, se derramaría provocando una hemorragia interna que desembocaría inevitablemente en una segunda muerte segura.

Frente a esta posibilidad, los creyentes en la técnica, aseguran que mediante la utilización de un crioprotector como el glicerol, sería suficiente para atenuar los efectos de la cristalización, a pesar de que los crioprotectores en dosis elevadas se vuelven altamente tóxicos.

GLICEROL: CONCEPTO Y USOS

En los comienzos de las investigaciones sobre las sustancias y métodos más efectivos para lograr una crioprotección adecuada para los pacientes criogenizados, las clínicas y salas de criogenización no eran más que depósitos en los que sólo se utilizaban líquidos de embalsamar como medio de atenuación y muchas veces, de prueba.

Esta precariedad fue respondida por los concienzudos avances e investigaciones que terminaron por concluir que el glicerol era la sustancia química más conveniente para cumplir la difícil tarea de reducir al mínimo las posibilidades de que el cuerpo criogenizado sea vulnerable a la congelación de sus compuestos esenciales.

El glicerol contribuye a aportar la energía que se libera en el torrente sanguíneo y propiciar la distribución de esta energía facilitando el metabolismo celular. Dentro de la multiplicidad de usos que se atribuyen al glicerol, en el campo médico y científico, se lo emplea con el objetivo de anticongelante, destinado a bajar la fusión de sustancias líquidas, que es la que termina produciendo capas de hielo o cristales.

El glicerol funciona como soluto de un disolvente que, en el caso del cuerpo humano, es el agua que contiene en ingentes cantidades. Muchos seres vivos cuentan con anticongelantes fisiológicos que se liberan y actúan automáticamente en sus organismos durante las estaciones frías, reduciendo drásticamente las instancias de congelación de sus líquidos. Algunos insectos y reptiles cuentan con esta capacidad solutiva incorporada a su sistema biológico.

En cuanto a la aplicación del glicerol en el proceso de criogenización, es tan sumamente complejo el establecimiento de las medidas y cantidades adecuadas para que dicho compuesto no cause el efecto inverso y exceda el límite de descongelación, que si bien existen formulas bastante eficientes que se aplican a partir del conocimiento del peso y cantidad de agua que deben descongelar, aún no se puede confirmar que este delicado y fino equilibrio se pueda conseguir con seres humanos bajo criogenización.

El objetivo último de la aplicación de glicerol es evitar que las estructuras cerebrales más sensibles, como las celulares y moleculares lleguen a ese punto de congelación en que los daños y lesiones sean irreversibles, teniendo en cuenta que la clave del “éxito” es mantener intacta la zona cerebral que regula y contiene los circuitos de la memoria, la identidad y la personalidad.

A pesar de la confianza inamovible de los investigadores en el glicerol, se sabe que el dióxido de azufre en temperaturas moderadas y en estado gaseoso, puede ser muy efectivo para la conservación de los cuerpos, y sobre todo, para reducir notablemente la posibilidad de que se produzcan placas de hielo a niveles peligrosos.

VITRIFICACIÓN

Una alternativa reconocida por casi todas las voces como, probablemente “la más recomendable”, para evitar el congelamiento de tejidos, células, sangre o moléculas, es la denominada vitrificación, menos severa y agresiva que la congelación, y con antecedentes de buenos resultados en la función de preservar sin daños a ciertos componentes esenciales de la estructura cerebral.

El proceso de vitrificación, es aquel mediante el cual se pueden transformar algunos materiales en un elemento sólido de componente vidrioso, pero sin que llegue a ser un cristal en el sentido estricto del término. Este resultado se consigue mediante el enfriamiento o calentamiento del objeto en cuestión con la máxima celeridad posible para lograr la solidificación o la descomposición del material. El tiempo en la vitrificación cuenta en contra del proceso, por lo que debe realizarse de forma prácticamente instantánea.

Para el año 2005, la Alcor comenzó a usar sistemáticamente la técnica de vitrificación aplicándola a todo el cuerpo simultáneamente, evitando separar la cabeza del mismo. Por su parte, Cryonics Institute fue la primera sociedad de criogenización que implementó un procedimiento mixto, aplicando el tratamiento de vitrificación a la cabeza que permanecía unida al cuerpo, y a este último se lo congelaba sin crioprotectores.

La técnica de vitrificación es de utilización cotidiana en miles de departamentos de reproducción de todo el mundo para la crioconservación de embriones y ovocitos, que luego se utilizarán en el procedimiento concreto de fertilización, casi siempre en perfecto estado.

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Isquemia y reperfusion.


Revertir un proceso isquémico agudo

En términos y procedimientos netamente médicos, puede decirse que los investigadores favorables a la criogenización, tienen como objetivo fundamental -para poder completar el resto del proceso-, evitar que el cuerpo que se va a someter a la técnica, caiga en un proceso isquémico irreversible.

Cuando el corazón deja de latir, y se suspende la provisión de oxígeno y nutrientes almacenados en la sangre al organismo, los tejidos celulares corporales carecen de la energía necesaria, lo que provoca la muerte de estos tejidos biológicos provocando un estado de isquemia.

Conviene recordar que el “círculo de la criogenización” comienza cuando un hospital o centro médico declara a una persona clínicamente muerta, lo que activa un ritmo vertiginoso para llevar al paciente a un centro de criogenización antes de que se produzca la muerte biológica. Conviene aclarar en esta instancia crítica, que el paciente permanece en un estado de muerte corporal pero no cerebral. Ya en el destino, y mediante terapias de reanimación de las funciones de respiración y circulación, se busca cumplir con el primer objetivo, el de lograr que los daños en el cerebro y el resto del organismo sean mínimos, que los órganos internos sigan funcionando con independencia de la causa de la muerte.

Como apoyo fundamental a este proceso tan crucial en el “círculo de la criogenización”, en los años 70, la Cryonics Society of Michigan, poseía una ambulancia con los suministros y el equipamiento más avanzado para llevar a cabo el estresante procedimiento; el mismo incluía un “Iron Heart” de la Westinghouse que, como si de un motor de coche se tratara, usaba un cilindro para suministrar oxígeno mediante la activación impulsada de un pistón que comprime el esternón con una fuerza y frecuencia ajustable, con la finalidad de que el corazón no dejara de bombear sangre, y así evitar episodios isquémicos irreversibles.

En este sentido, los investigadores de la criogenización han visto que la reanimación temprana durante el proceso isquémico, denominado reperfusión, podría conllevar un mayor daño celular y orgánico, si el aporte, prácticamente inyectado, de oxigeno en el cuerpo durante la isquemia, no era perfectamente regulado y acorde con el deterioro que el proceso isquémico había causado hasta ese momento.

En la medicina moderna, la reperfusión es utilizada de manera cotidiana para lograr la apertura de las arterias ocluidas por diversos cuadros patológicos como la obstrucción coronaria; la reperfusión se practica mediante una angioplastia o un tratamiento trombolítico, con el fin de propiciar la llegada de sangre y nutrientes a las células y tejidos previamente isquémicos. Pero considerando que se trata de una medida “agresiva” que apunta a revertir un estado orgánico grave, siempre existen efectos secundarios –también graves-, que ocurren y no se pueden desestimar. Entre estas consecuencias nocivas se pueden destacar: daño miocárdico funcional y estructural producido por la liberación de radicales libres de oxígeno, acumulación de calcio intracelular, alteración del metabolismo celular y aparición de arritmias ventriculares, entre otros.

Indudablemente, la labor de criogenización es lo suficientemente exigente y costosa como para que al momento de intentar reanimar a un paciente mediante la reperfusión, los daños generados en su organismo mantenido a frío extremo, representen un fracaso estrepitoso del experimento, por la imposibilidad de “regresar” a ese ser a la vida.

Si bien los científicos de la criogenización se han enfrentado, y se enfrentan a mil y un interrogantes desde el nacimiento mismo de dicha técnica, la disyuntiva de encontrar el equilibrio entre la isquemia y la reperfusión sin consecuencias nefastas, es sin duda uno de los grandes desafíos, y objetivos de estos especialistas.

Es por la incertidumbre generada por este dilema del equilibrio entre la isquemia y la reperfusión, que los expertos más firmes en la defensa de la criogenización, llegaron a insinuar que si los pacientes pudiesen elegir el momento en el que practicarles la criogenización, parte de este problema estaría solucionado. Estas posiciones chocaron frontalmente con máximas legales y éticas, que desde las primeras pruebas de criogenización en la década de los 60, mostraron recelos frente a estas nuevas prácticas e investigaciones.

Nanotecnología: esperanza en el horizonte.

En este contexto, el reconocimiento por parte de los mismos científicos pro-criogenización de que no es posible garantizar la aplicación sin secuelas de la reperfusión, ha focalizado las esperanzas en los avances de la nanotecnología.

Se define a la nanomedicina como la creación de materiales y aparatos de control y seguimiento microscópico, que ayudan a combatir y curar, tanto la isquemia como otras enfermedades, desde dentro mismo del cuerpo humano, a través de dispositivos diminutos –nanómetros-, que actúan directamente a nivel celular y molecular.

Fue así, que en momentos de incertidumbre para la criogenización y sus científicos, la nanoterapia fue como un salvavidas del que éstos se agarraron para aducir que su aplicación en el procedimiento de criogenización, sería la solución de múltiples problemas relacionados con el control estricto de la evolución del organismo bajo los efectos de criogenización.

Puedes leer más sobre isquemia en:

  • Criogenización e isquemia

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