Mas consideraciones y conclusiones respecto a la criogenizacion

Tal como venimos desarrollando a lo largo de las entradas de este blog sobre la criogenización y respecto a las posibilidades de éxito, o el fracaso rotundo del “tratamiento de criogenización”, no está de más recordar que una de las claves fundamentales de que el proceso de criogenización funcione, es lograr que las células –vitales para la reanimación del criogenizado-, no se congelen y formen trozos o bloques de hielo.

Teniendo en cuenta la importancia vital de las células y del resto de los líquidos corporales, incluida la sangre, para conservar el atisbo de vida biológica que la criogenización pretende “resucitar”, es conveniente reflejar todas las opciones que, a día de hoy, están sobre la mesa de discusión, de parte de todas las partes implicadas.

El flagelo que ha significado hasta hoy encontrar un impedimento para esta congelación, se bate sobre los “dedicados” investigadores de la misma, a tal punto que en muchas ocasiones han puesto en peligro la continuidad de la “empresa”. Cuando la sostenibilidad del proceso de criogenización como viable se encontraba en el precipicio, los científicos defensores del procedimiento lo evitaron, dando a conocer la carta de los crioprotectores y criopreservantes, logrando así mantener el equilibrio osmótico; éste se empezó a lograr a través de la vitrificación, en detrimento de la congelación. Pero este paliativo, que se vio como definitivo por los pro-criogenización para acallar a las voces críticas, las mantuvo en silencio por poco tiempo.

La versatilidad y flexibilidad del uso de la vitrificación es ampliamente utilizada en medicina reproductiva para la crioconservación de embriones y ovocitos. La ventaja de la vitrificación es que, frente al descenso de temperaturas de congelación, frena esa instancia dotando de viscosidad a los líquidos y logrando una consistencia sólida pero amorfa. El objetivo principal de una aplicación efectiva de la vitrificación, es que el material biológico –en este caso los líquidos corporales y las células-, se equilibren con la suministración de dichos crioprotectores y así se evite la congelación.

Los investigadores crionicistas argumentaron, al momento de comenzar a usar la técnica de vitrificación, que los índices de efectividad en los usos médicos convencionales, como la crioconservación de embriones y ovocitos, rondaban entre el 90 y 95%.

A pesar del éxito que pudieron mostrar los crionicistas con la aplicación de la vitrificación, pronto aparecieron las primeras preguntas, muchas de ellas también desde los sectores científicos, indagando sobre cuál sería la unidad o el instrumento de medida y seguimiento para asegurar que las cerca de 100 millones de millones de células que posee el cuerpo humano, eran beneficiadas y protegidas por la vitrificación; ¿En qué porcentaje de tejidos y células esta “medicina”, da realmente resultados?. La respuesta a esta pregunta por parte de los cuestionadores, tuvo una respuesta bastante previsible: no existe la manera, no hay posibilidad de saberlo.

Automáticamente, de esta respuesta negativa se desprende el otro motivo controversial, lo que generó una nueva pregunta. Aunque sea posible evitar la formación de cristales de los tejidos y células; ¿cómo se repararían los daños producidos por la falta de oxígeno, la toxicidad de los crioprotectores, las fracturas producidas por la tensión térmica y la congelación de los tejidos en aquellas zonas en las que la vitrificación no hubiese causado efecto.

Frente a este nuevo cuestionamiento y ante la falta de una respuesta convincente para parte de la comunidad científica, los crionicistas apelaron a la implementación –aún no confirmada oficialmente-, de las técnicas más avanzadas del mundo de la nanotecnológia y nanomedicina, hecho que permitiría hacer un escaneo regular a grados microscópicos de todas las zonas del cuerpo bajo los efectos de los crioprotectores. Esto, desde el punto de vista de los crionicistas, daría la posibilidad de monitorear todas las zonas corporales internas del cuerpo criogenizado, y por consiguiente, permitiría detectar la respuesta y los efectos de los criopreservantes en células, venas, tejidos, huesos y órganos.

Con todo esto, la medicina tradicional y sus representantes, aseguran que el límite de evolución que han conseguido los avances médicos hasta el momento, relacionados con mantener viva a una persona en estados de pre-muerte o críticos, es mantenerla “viva” mediante métodos artificiales, y en un estado de coma que sólo con un “milagro” se podría revertir. Para este sector científico, el resto de las teorías –incluida la criogenización-, sobre volver a la vida a las personas bajo determinadas circunstancias, no tienen sustento real.

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