Inmortalistas y sus argumentos I

LOS INMORTALISTAS Y SUS ARGUMENTOS (1)

Pese a que, como se viene reseñando en el ensayo, los críticos de la criogenización no tienen tapujos a la hora de manifestar su oposición e incredulidad, otro grupo apuesta sus fichas por la esperanza de la “vida eterna”, y esta esperanza está en la técnica de la criogenización. Este grupo está conformado mayoritariamente por científicos, y se los conoce como los inmortalistas”.

Los inmortalistas sustentan su convencimiento en las promesas de la nanotecnología y la biotecnología. Una prueba de ello está en las palabras del investigador en nanotecnología, Robert Freitas, quien sostiene que cada uno de nosotros lleva un complejo universo de conocimientos, experiencias vitales y relaciones humanas, y que todo este rico tesoro de información se pierde para la humanidad cuando morimos. Esta idea representa un motivo más que suficiente como para creer que los sueños ancestrales de inmortalidad pudieron no estar equivocados, y que quizá dependieron más de la fe, que de hechos concretos.

Bajo esta bandera, un grupo de unos 50 investigadores de la Asociación Iberoamericana de Criopreservación, pretenden instalar en Madrid el primer cementerio español dedicado a la criopreservación. La idea del grupo es instalar el parque de criopreservación junto a un laboratorio biotécnico, lo que es considerado por los mentores del proyecto como una alternativa a los servicios funerarios tradicionales.

La contrapartida a la posición de estos investigadores es la que sostuvo con cierta ironía, el biólogo Arthur Rowe: “Pensar que la criónica puede reanimar a alguien que ha sido congelado, es como creer que pueden retornar la hamburguesa a la vaca”.

Muchos criogenistas también están inspirados en el llamado “Transhumanismo”, aquella creencia de que el uso de la tecnología puede mejorar radicalmente a los seres humanos. El transhumanismo ha abierto las puertas a ciertas vertientes tecnófilas que pregonan la descarga del cerebro en computadoras, para volver a recargarlo en un nuevo cerebro que puede ser biológico o robótico. Aunque parezca estrambótico, las especulaciones sobre la práctica de criogenización llega hasta estas instancias que están más cerca de la ficción que de la realidad.

Lo que no está emparentado con la ciencia ficción son las investigaciones que llevan adelante científicos alemanes, que con apoyo de una amplia red de zoológicos europeos, se dedican a conservar a través de métodos de congelación, la herencia genética de varias especies animales que en un futuro podrían estar al borde de la extinción. El objetivo del procedimiento es salvaguardar la biodiversidad de las especies, dotándolas de una nueva oportunidad de “renacer” cuando estén prácticamente desaparecidas.

El ejemplo anterior no significa que se tenga que tomar como una esperanza de que pueda ocurrir lo mismo con la especie humana, por lo menos nadie lo ha afirmado, pero los criogenistas se han remitido en más de una vez a experimentos con animales para defender su pro-criogenicismo.

Mientras tanto, algunos miembros asociados a la Fundación Alcor para la extensión de la vida, opinan que mientras mucha gente se refugia en cosas como la religión, y aceptan la muerte según sus creencias, no se dan cuenta que no hay ninguna base científica que las respalde, mientras que la criogenización, sí la tiene.

Ante la pregunta de qué piensan hacer con todo el tiempo de más que les permitirá la criogenización, una asociada aclara: “No creo que vaya a ser muy diferente, sólo habrá más oportunidades de hacer cosas que un tiempo de vida limitado no permiten”.

Otra aficionada a la criogenización, arguye que como creyente de la criogenización, no está privando a nadie de nada, y no pretenden crear una raza de superhéroes, sólo quieren vivir durante mucho tiempo.

Es indudable que frente a un tema tan controvertido como la criogenización, y como lo mencionamos a lo largo de toda la obra, las posiciones y opiniones respecto a esta técnica, han creado una división tanto en el ámbito científico como social.

En este sentido, la mayor debilidad a la que se enfrentan los defensores de la criogenización, es el hecho de que aún hoy no existe un método de descongelación que se pueda presentar ante el mundo como “exitoso” o “satisfactorio”.

A pesar de este hándicap, los investigadores crionicistas siempre han encontrado motivos para seguir creyendo en su experimento, y en el convencimiento de que las pruebas que avalen la disciplina, son sólo cuestión de tiempo. En consonancia con lo dicho, los crionicistas han tomado como “ejemplos relativos”, determinados experimentos que se han hecho con animales, por ejemplo, como el que se ha concretado en la Universidad Japonesa de Kobe, y dirigido por el profesor Suda. El profesional logró detectar señales encefalográficas producidas por el cerebro de gatos luego de conservar a los animales durante alrededor de 205 días bajo temperaturas de 20º bajo cero. Esas señales cerebrales se han erigido como una auténtica esperanza de cara a la suposición de conseguir los mismos resultados en seres humanos; pero como se evidencia a lo largo de este informe, en el “caso humano”, no todo se limita a alguna evidencia de señales encefalográficas.

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