Historia de la criogenización

 

Un poco de historia sobre la criogenización

La primera insinuación de que la vida humana podría ser conservada durante siglos -pero sin hacer referencia a los métodos-, se remonta al año 1773, y fue manifestada en una carta por el reconocido científico y político estadounidense Benjamin Franklin, inventor del pararrayos.

Desde esta consideración hubo que esperar casi dos siglos, hasta 1962, para que otro miembro de la ciencia, en este caso, el profesor de física Robert Ettinger, propusiera con absoluta convicción que el hombre podría conservarse y aspirar a la “vida eterna” a través de la congelación del cuerpo.

Ettinger expuso su teoría en lo que aún a día de hoy, es una de las principales referencias científicas de la criogenización, el libro “The Prospect of Inmortality”. Dicho impreso fue financiado por él mismo, pero sirvió para que el físico dejara claro en sus páginas que la congelación de un cuerpo no era un fin en sí mismo, sino también un método que abriría las puertas a futura tecnología médica en varios sentidos. A pesar de esta teoría, Ettinger puso claramente el énfasis en argumentar que quizá aquel hoy en día, por 1962, el congelamiento de un ser humano sea visto como mortal, pero mañana podría ser reversible. Al momento de referirse a la misma muerte clínica, el científico utiliza el mismo argumento, afirmando la clara posibilidad de reversibilidad de este “destino del hombre”.

Pero “The Prospect of Inmortality” no fue el primer trabajo referido a la criogenización de Ettinger; anteriormente el físico obtuvo el apoyo económico de Evan Cooper para publicar la obra “Inmortality: Physically Scientifically, Now”, en la que hacía hincapié en la misma noción sobre la posibilidad de “salvar vidas” a través de las técnicas de congelación. El apoyo incondicional de Evan Cooper a la obra de Ettinger no fue una súbita reacción de solidaridad, puesto que terminó siendo el fundador de la Life Extension Society en 1965, organismo que se convirtió en una auténtica fuente de promoción y publicidad para la congelación de personas. Otras personalidades de la época que mostraron su apoyo a Ettinger fueron Isaac Asimov y Fred Phol.

El nacimiento de este movimiento en la década del 60 sobre las ideas y publicaciones de Ettinger, convirtieron a éste en el padre de la criónica.

El origen etimológico de la palabra criónica se le atribuye a Karl Werner, quien en 1965 fue uno de los tres miembros fundadores de la Crionics Society de Nueva York.

Fue así que el mismo Robert Ettinger fue el fundador de la Inmortalist Society, organización creada por el físico en 1976 y que actualmente es la segunda a nivel mundial.

Resulta revelador señalar que después de al menos un intento frustrado, el Dr James Bedford, un profesor de psicología de 73 años, fue reconocido como el primer ser humano que se sometió a la práctica de la criogenización con intenciones de resucitación. El hecho ocurrió en 1967 y tuvo gran repercusión pública, incluso llegando a ser portada de la revista “Life Magazine”. Actualmente el doctor Bedford permanece dentro de la cápsula de criopreservación.

En sus comienzos, el revolucionario procedimiento de la criogenización se topó no solo con el rechazo de parte de la sociedad y de la comunidad científica y médica, sino que se vio envuelto en graves problemas de financiación que imposibilitaron asumir los elevados costes y complejos cuidados que requieren los pacientes. Esta crisis agudizada tuvo su colofón en el conocido escándalo de Chatsworth, donde la autoridades descubrieron nueve cuerpos descongelados que se encontraban bajo la administración de criogenización de la Crionics Society of California, y que fueron almacenados en dicho cementerio ante la imposibilidad de sus gestores de asumir los costes del procedimiento.

El hecho fue un auténtico aluvión de desprestigio para la criogenización y todo lo que la rodeaba, incluidos sus representantes y defensores. Aunque visto desde otro punto de vista, el escándalo sirvió para que a partir del antecedente de Chatsworth, los controles y los mecanismos de seguimiento y cuidado se volvieran mucho más escrupulosos y rígidos, lo que permitió que el mundo de la criogenización sobreviviera a la tormenta.

ALCOR LIFE

Actualmente, el emblema de la criogenización, es la Alcor Life Extension Fundation, fundada en 1972 por Fred y Linda Chamberlain, quienes unos años después, unieron sus esfuerzos con el médico científico Jerry Leaf y el reconocido biólogo Mike Darwin. La unión de estas capacidades técnicas y científicas significó el basamento de crecimiento y reputación que adquirió Alcor como líder del sector a nivel mundial.

Las instalaciones de la Alcor, fueron testigo de los múltiples avances propiciados por Leaf y Darwin, quienes concluyeron que la resucitación cardiopulmonar y la mediación suministrada inmediatamente después de la parada cardíaca, seguida de una cirugía torácica para acceder a los vasos sanguíneos –lo que se conoce como reperfusión-, sería la llave para reducir significativamente la posibilidad de lesiones isquémicas en los pacientes crionizados. La respiración artificial es otro de los subprocesos que Leaf y Darwin estimaron como fundamental, por lo que convinieron disponer de un equipo médico asistente que realizara esa tarea mediante el procedimiento denominado “standby”.

Ya a mediados de la década del 80, los avances paralelos en nanotecnología actuaron como estímulo para los involucrados y creyentes de la criogenización, quienes interpretaron las concepciones de esta disciplina como una confirmación de que los tejidos dañados podían ser reconstituidos y reparados.

A partir de este hecho con efectos completamente opuestos a los que tuvo el escándalo de Chatsworth, los adeptos y la reputación de Alcor fue en franco ascenso entre los años 1988 y 1992, a pesar de que los detractores de la influencia de la nanotecnología como “suficiente” para lograr el éxito del proceso, nunca acallaron sus voces.

En la actualidad, aunque los datos no se pueden contrastar oficialmente, habría un centenar de personas bajo tratamiento de criogenización en Alcor, mientras que otras 200 se encontrarían en lista de espera. Lo que las fuentes no señalan es, qué significa estar en lista de espera, qué categorías de personas son las que están en lista de espera, y en qué situación clínica se encuentran; tampoco se reveló cómo se mantiene a un ser humano en lista de espera hasta que se pueda criogenizar. Son todos interrogantes que se suman a la larga retahíla que ya de por si acumula la criogenización en casi todos los estratos sociales y científicos.

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